«EL REVERSO DE MI VOZ» (prosa poética) (terminado)

EL CALOR

El calor de estas noches de verano abrasa cualquier atmósfera y me recuerda a ti, a ti me recuerda, perdona por la mala letra, perdona por el mal poema, perdona por tantas cosas, quizá no tenga sentido, pero sólo espero que comprendas mi vida, sólo deseo tenerte cerca algún día. En estas noches sin luna salgo a tu encuentro porque no veo más allá de mi crónica sed, y entre algodones de espuma me acerco a ti, cuando la niebla hiere mis ojos y tu lejanía estremece mi claridad. Entonces, mientras arde mi vida, siempre momentánea, despliego mis debilidades al viento y me asomo al borde del abismo suplicando tus laureles por enésima vez, otra noche más suplicando tus laureles. Entonces, a pesar de todas las distancias que el tiempo mece en nuestros devaneos, te siento al alcance de mi voz, te siento en la concisa trayectoria de nuestra sintonía.

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MI LENTO DORMITAR

Este lento dormitar ―lejana tiniebla de unos latidos en cadente mansedumbre― se guía de la inercia del amanecer, y como un vagabundo ofrezco la alborada de un sol sin raíces al diseño de un alba pasajera que objeta mi conciencia en un parpadeo de cuerpos celestes.

Sustento y domestico con fruición mis sueños iniciándoles en el suspense de una cuenta atrás, mientras el perenne ahorcado dosifica con firmeza segundos y segundos en tomo a unos labios sin respuesta, y un alejado semblante censura impasible mi rezagada filosofía. Sueño entonces que pierdo la vida por volver a mis silentes principios, a los primeros años de mi niñez.

Entonces, sumergido en un río que espera ahogarse en el mar, mil gelatinas muertas se abren en innumerables yagas y me ofrecen un laberinto de opaca realidad.

Mas, cómplice de mi rubor, censuro cualquier átomo de luz, y camino con el silencio soldando mis talones en suelo de nadie, moldeando veladas memorias en las huellas de mis pisadas y recreándome con las cicatrices que transpiran mis sienes.

Camino sintiendo el vaho de tus palabras que, en un soliloquio de estatuas fetichistas, se ha convertido en un falso ídolo balbuciente y escrutador de cubiertas mutilaciones.

Camino por un sinfín de aristas, y sueño con simbolizar la simetría de nuestras voces en un espacio donde tu distancia no se pierda por caminos desiertos, y así recuperar aquellas hospitalarias palabras sembradas bajo el ardiente sol del pasado.

Camino desorientado, busco el significado de aquella sincera voz, pero sólo encuentro un fusil encañonándome la boca y escupiendo cruentos argumentos en el interior de mis entrañas.

¡Una vez más mil caretas falsificadoras velan mi memoria en una embriagada obstinación de soles de vencidas primaveras!

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UNA BENGALA

Inmovilizada toda mi fantasía en la mecedora de tu olvido, me siento irreconciliable con la humanidad y un férvido sueño ―caduco en tu recuerdo― convierte mi horizonte en una ancestral frustración. Solo en un cuarto de incienso mis ojos se cierran con gesto contrito, mórfica representación de una quimera inalcanzable.

Oxidada mi sonrisa, ya ni se puede observar, y la doctrina de lo infinito se revela ante mí absolutamente corita. La flaqueza acuna mis miserias en un alba donde todo fundamento se toma lógico escalofrío. Sedientos latidos reposan radiantes en mi almohada cuando, ausente aquella errática pasión, letales células alcalinas te han convertido en un beso sin rostro. Y observo cómo mi última esperanza se pulveriza en el desafío de una frase: «nadie, en tus horas de insomnio, nadie, te regalará sus sueños».

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CUANDO ME MIRABAS

Cuando me mirabas, me quedaba en blanco. ¿Recuerdas? Insomne por llegar en primero a clase y poder ocupar aquella silla junto a ti y que era el deseo de muchos. Me temblaban las manos, se humedecía el papel de mis futuros apuntes, respiraba entrecortado y era incapaz de mirarte a los ojos. ¡Cómo pude mostrarme tan inmaduro! Y aún así tú me saludabas con una sonrisa tan blanca que simulaba un zumo recién exprimido por las mañanas. No te tocaba, pero te besaba en mi imaginación; no te hablaba, pero te deseaba muchísimo. ¿Cuántos días te va a soportar ella?, me decía por las noches. Y, otra vez, desvelado. En esa ocasión por una turbulencia emocional que me dejaba exhausto y con la habitación llena de ígneas culpabilidades.

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INMERSIÓN NOCTURNA

Sumergirme en la noche para reconstruir a golpe de lágrimas el cauce de un río anegado explícitamente por el enredo de una ficción. Sumergirme en la noche para perseverar en la vigilia de tu eclipse y así asestar una vez más una enésima copia en los anales de tu dilación. Sumergirme en la noche para así «vivirte», sumergirme en la noche para entonces «sernos», sumergirme en la noche, simplemente para eso, simplemente para «sernos».

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LA TIMIDEZ

En esta exuberante hora de clausuras y opulenta de veladas intenciones una figura altanera de espiga quemada explora con ardicia mis márgenes, y la silueta de unos ojos de oscuro satén transparentan un pálido misticismo. Accesiblemente solitario paseo tras el contorno de un ciprés, y la huella que mitifica el olor de su sien permanece infranqueable en el anonimato. Intento sumergirme en otro cristal que espolee mi mente abotargada, pero el esbozo de una resonante impaciencia pende inútil de todos mis sueños, y un inteligible perfil de luz temporal no puede conjurar el miedo a otra eterna frustración. No es nueva esta situación. Cuando ya no sé si soy capaz de desterrar el vértigo de mis desdibujadas precauciones otra caricia pretende borrar la huella de viejas pisadas, pero mi piel sólo conoce un aséptico destino, y ese destino me persigue incansable, y gracias a él mis versículos siguen habitando en un sarcasmo de sauces y querubines.

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INSOMNIO

Otra noche más. Y van… No seas, plañidero, José María. El insomnio es el alimento de los noctámbulos, es el germen de las mejores creaciones poéticas. Ahí tienes a… ¿A quién? No das pie con bola hoy. Se te nota la falta de sueño. Aún más la falta de sexo, pero no en su significado pueril y físico. El sexo femenino estimula mis creencias, libera mis prejuicios y domestica una intemperancia interna que vulnera y transgrede mis creencias más íntimas. Cuando noto el físico de una mujer en mis proximidades, ese «engaiolador» aroma de una piel devoradora ―que dicen que confundo con el útero materno―, soy capaz de convertirme en un insomne académico, en un cumplidor del placer compartido, en el estricto seguidor de un reglamento humedecido. ¿Y tu añorada soledad entonces? La guardo para cuando mi corazón furtivo se escapa, irredente y rebelde, de mis manos.

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TU PASADO

Pensando siempre en tu pasado sufres con generosidad sus catódicas descargas, y proteges tu entorno afectivo tras una invisible pero tangible almadura que te eterniza en un ser adánico. Sin embargo, tu cerebro se obstina en seguir un itinerario de quiméricas banalidades. La tensión que mana de tu axial fingimiento se precipita densamente sobre mis oídos y padecemos taxativamente el volumen de nuestra debilidad, paradigma de una fronteriza metamorfosis. Entonces, yo, impasible ante tu búsqueda, veo estallar en tus ojos un cautiverio, y las violetas que oprimen mis manos sólo ratifican la ausencia que a ti me acerca, y una mirada, una caricia, un uniforme de vuelos, en la negra pulcritud de tu eclipse nos devuelven provisionalmente la luz.

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UNA MIRADA

Un espíritu en plenitud descendió ayer y vagó sin rumbo, esclavo de una ficción, por las telarañas de mi razón talando un velo de bienestar en mi hurtado lucero. Con la humildad de una gaviota sin playa sigo tus pasos, guardo tus huellas en mis furtivos deseos y entronizo tu ausente luz bajo una sencilla túnica de viejas baladas.

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DESAFÍO

Sin querer se ha despertado mi aurora. La orilla que ayer me ofreciste vulneró los rincones más íntimos de mi fragante estar. ¿Naufragio y prisión constantes? Quiero llegar al final de mi viaje sin ponientes ni hemisferios dormidos, quiero medirme cara a cara con la pluma que escribe mi historia.

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UNA MIRADA

Un espíritu en plenitud descendió ayer y vagó sin rumbo, esclavo de una ficción, por las telarañas de mi razón talando un velo de bienestar en mi hurtado lucero. Con la humildad de una gaviota sin playa sigo tus pasos, guardo tus huellas en mis furtivos deseos y entronizo tu ausente luz bajo una sencilla túnica de viejas baladas.

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PARA MÍ

Para mí los mil eslabones que recorren la cadena de tu sed, para mí lo extraño y lo semejante de tu pensar, para mí el terso aroma de la esencia de tu piel, para mí ese diamante vivo que escondes en tu mirada, para mí el cálido verbo de tu envolvente voz, para mí los tortuosos caminos de tu eterno viajar, para mí el castillo de naipes que levantas cada noche, para mí tus amargos insomnios en los que tu dormir es velar.

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AUTORRETRATO

Mi perfil es inmutable, mi cuerpo, delgado y sin memoria, mi trazo, un velo enredado a una tormenta, y mi único sentido, una muñeca libre sembrando tu afán en el nido de mi acuarela. Mi sombra es liviana, mi caminar, urente e insondable, mi huella, un sinfín de ruegos y demandas, y mi último anhelo, una vida sentada perpetuando rosas y claveles en los pies de tu cama.

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VIOLETAS DE LUZ

Esta tarde conversamos en otro decrépito lugar y me confesaste que te sentía metódicamente sola, opaca hasta la impaciencia y caminante de imperecederos soliloquios. Me dijiste que necesitabas embriagarte de sentimientos vitales e incubar locuras ocultas, y afirmaste que te obsesionaba la idea de alinearte con el viento para así estrangular este mundo sin rebeldía. Sin embargo, con plena sumisión, otra noche más sigues velando las crepusculares caricias de aquel fatídico axioma, y no encuentras la magia de un intervalo que redima la concreción de tu llanto. Fluctúas retóricamente en un marasmo de exterminadoras elucubraciones, y tu dócil presente se estremece ante tan paupérrimas perspectivas.

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NO QUISIERA…

No quisiera que el calor me hiciera olvidar el nombre que, en estos últimos años, día a día, se ha reflejado en mi memoria. (Para ello tal vez tenga que grabarlo en el cénit de aquel primer recordatorio). Tampoco quisiera confundir la dirección de tus pasos ni envilecer las marionetas que, tras unas horas aciagas, permanecieron inmóviles en tu rebeldía. No quisiera que participaras en este juego de dudas, en este dudoso juego, en el que un simple pasillo de deslices maceraría tu arcana plenitud. No quisiera que en este verano se sofocasen aún más los pliegues de mi ropaje. No quisiera ver mi nombre olvidado en el postrer rincón de tu agenda… o tal vez… sí quisiera, ya que así, ¡al menos!, permanecería en tu recuerdo, aunque fuera prendido con alfileres, aunque fuera en esa última línea de un tétrico escalafón de infinitas miradas. No quisiera… ¿no quisiera?…

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SÍLABAS INVERNALES

Tengo las manos ateridas por el frío. Quisiera anidar esta última fatiga en el retiro de un cristal siempre amarillo. Entonces arrebataría a la rosa su aroma y dibujaría con mi saliva de dulzuras y pasiones una estrella. Tengo las manos ateridas por el frío. Quisiera escribir mi último verso en un nuevo horizonte de vertiginosas dunas y fértiles silencios. Entonces se rebelaría el perfil de mi pulso y desterraría de mi voz este enjambre de quimeras y consuelos. Recordadlo. Tengo las manos ateridas por el frío.

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NUNCA VOLVERÁS

Nunca volveré, me dijiste con una voz serena, sedosa y seductora. Como dando a entender lo que me perdía. Tu soledad te devorará como un famélico saturno. Pero con una leve diferencia: tu alimento será mi olvido y tu sed jamás la saciarás con mi recuerdo. Nunca volveré. Y tu signo triunfante, obsceno y provocador, me dejó fulminado en la cuneta de aquella carretera que no me llevó a ninguna parte cuando me vi solo y desvalido. Desde entonces duermo solo. Al levantar la cabeza vi un paisaje desértico y polvoriento que se anclaba en mi piel como un lastimero ungüento. Nunca volveré. Y entonces me di cuenta del significado de esta nebulosa y tétrica frase.

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MORRIÑA

Una fría y lluviosa acedía ha herido mi memoria. Lejana y sola, la muda ventana observa la cegadora aparición de la melancolía. Ya no siento el placer de tu afable clima sumergido en mis manos, ni palpita en mí la música apacible que mansamente desata con alas de cielo y mar el pinar de mi alegría.

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SE HA PUESTO DIFÍCIL VIVIR

Anclado en una sucesión de galerías otra noche más sondeo las huellas que en mí dejó tu mirada. Ignoro la razón, o tal vez la vitupere algún día, pero aún sigo recordando tus ojos otro atardecer más. Desmáyame en tu elocuente piel. Tú, que sabes pulir mis impenitentes turbaciones, deja que me asome a tu memoria, a tu morada, vengo herido de voces, y mi luz lleva una eternidad pleiteando con la amargura. Otra vez más sólo quiero condensarme en tus palabras y aprehender el fragor de tu aliento clavándose en mis cicatrices pausadamente otra noche más.

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DISFRAZ NOCTURNO

Se consume el instinto de mi reproche ante tu desconcertada deserción, y absortas y fugitivas nuestras falsas caretas fluctúan en un marasmo de confusas vejaciones. Los fundamentos de la autenticidad languidecen mientras impávidamente asumo la zozobra de tu bruñida palidez, y en una perezosa, pero visible ceremonia, estos días de rigurosa negligencia se ahogan ponderadamente en una proclamación de memorables apariencias.

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UN ARAÑAZO EN EL CORAZÓN

Un arañazo en el corazón. Dos. Tres. Bien repleto de heridas que duelen muchísimo. Es un manantial de sangre enamorada. Delante de ti lloro demacrado y enjuto. Miras hacia otro lugar. Rechazas lo nuestro. Intento coger tu mano para que apagues mi dolor. Ya no te encuentro. La soledad me acaricia con una condescendencia hiriente. Me siento en el suelo, helado como tu respuesta y me quedo dormido en el regazo de tu rechazo.

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TE LO HE DICHO…

Te lo he dicho a corazón grana, te lo he dicho descalzo sobre una bandada de punzantes cristales, te lo he dicho vestido de oro y bronce, te lo he dicho… Te lo he dicho de mil formas, pero si aún lo dudas, te lo repetiré una vez más: cada vez que me regalas una ausencia se para, se detiene, cual inmóvil reloj de sol, el pulso de mis noches y el himno de mi canción.

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NO ME DEJES

Es cosa del demonio. Cuando estoy en tu compañía no sé qué me pasa. Deseo con más fuerza que nunca agarrar tu cuerpo con mis manos para que mi piel se llene de tu sangre caliente, pero mi frío emocional no conoce de sexo ni de fronteras mentales. Tu pecho, para mí, es un paisaje de placeres vertiginosos que me ciega el entendimiento y que me excita de tal modo que soy incapaz de dejarlo de acariciar. Y anhelo que tus caderas, acompasadas en una noche de oscuros cariños y de falsas erecciones, no me rechacen hartas de falsas promesas que nunca llegan. Mujer sin nombre, no me dejes solo y no permitas que la mía, ya diminuta fuerza, se pierda en un ánimo de cuerpos desnudos jamás no comprendidos.

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SEQUÍA

Dices que se me está secando el alma. La tengo seca desde hace décadas. Desde aquel día en el que compartiendo una música histriónica y ofensiva tú me reprochaste falta de pasión y una preferencia por la juerga fácil y no por la comprometida. Eres un inmaduro, me asestaste como un dardo envenenado. Así que no me vuelvas a llamar. Yo ya no estoy para ti. Y te levantaste dejándome enjuta la mirada y huérfano el sentido del olfato. José María, el aroma de esa piel ha volado para ti. Y tú, en una fracción de segundo, gritaste mi nombre de modo convulso y desvalido. Y tú seguiste tu camino dejando un reguero de juventud que ya nunca he vuelto a saborear. Mentiroso. ¿O te recuerdo el nombre de la tipeja aquella? A tu lado, un emoticono de decrepitud. Ya. Ahora con esas… Y el sonido de un guasap me volvió a mi hórrida realidad.

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DAME LA MANO

Si por mi fuera detendría el mundo y te invitaría a viajar por el interior de mi madrugada en una luna con tintes de azahar. Dame la mano, observa mi frente, y lloverá en nuestro caminar un aroma de flores celestes. Dame la mano, nos espera la noche, entre nosotros fluirá una caricia de sentidos soles. Dame la mano, ya viene el día y mi quietud, como tú bien sabes, no es inmortal, pero, si tú quieres, entre los dos la podemos arropar. Dame la mano…

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REINADO EFÍMERO

Un hálito de no muy buen gusto me encaramó en la cima de las leyendas oblicuas. Entonces leí los versos de un poeta varado en la ausencia de ella, y el miedo a sucumbir bajo un diluvio de imágenes rotas me hizo regresar cautivo y taciturno a la realidad de mi senda. Mas, obstinado e inmisericorde, seguí perpetuando la vereda de aquel metálico laberinto, y todo aquello evocado en mi memoria con tintes de terca nostalgia anidó en este cuerpo deshabitado de lienzos, y me acechó como una soga, y como una ecléctica sentencia confirmó el relámpago de mi solitario duelo.

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OLVIDO

¿Recuerdas aquel verano de música y abrazos? Quizá te pregunte embargado por los recuerdos alguna vez. Entonces, en mi placentera fantasmagoría, tú sentirás que la distancia recorta los días de nuestro común pero caducado calendario, y por fin yo seré capaz de proyectar mi retrato en nuestra añorada juventud, átomo de desvergonzada vitalidad. Entonces, abrigado por un aullido de sueños, colocaré sobre tu galante figura una cadena de renovados latidos y sobre tus labios una selección de mis mejores poemas.

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HOY

Hoy no encuentro el pródigo regalo de tus horas junto a mí. Hoy mi alma no sabe lo que es el latido febril de un pulso apresurado. Hoy me muestro desgarrado como una noche sin luna llena. Hoy prolongo mi sueño con la herida de tu cáliz ya no compartido. Y hoy me enojo, ahogado en mis miserias, como un lecho de soledades.

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AQUEL LUGAR

Me abrasaste con una pregunta que electrocutó nuestro espacio. No quiero hablar de mí, me dijiste con un gesto manual que malinterpreté como un desfalco emocional. Yo insistí mientras caminábamos con los ojos dañados por el sol de nuestra solitaria ventana. Yo insistí. Y nada. La melancolía se apoderó de aquel nuestro espacio, de aquel nuestro lugar. Cayeron las manos. El pulso, perfilado en remotas ventiscas, se detuvo azotado por nuestra incongruencia. Nos miramos. Estábamos en aquel nuestro lugar. Pero una invasora veleta te llevó a otro puerto y mi navío encalló otro día más en la más terca soledad.

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FRUSTRACIONES

Me gustaría tener una voluntad de piedra para de esta forma no asilarme en mi ya familiar tiniebla de sentimientos cautivos cada vez que navega por mi memoria esta ruleta de impulsos y desvaríos. Me gustaría tener la claridad de ideas que ostentan algunos de los fantasmas que yo evoco, y así, sin más, arrojar todos mis nocturnos temores por un verde precipicio de inocencias y desafíos.

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LA SOLEDAD AMPARADA

Presumes iluminar tus tinieblas tras una reconversión dinámica y preconcebida, pero tus circunstancias se estremecen cuando una onírica mano te detiene el pulso y su mirada no logra cercenar el eje de tu sombra. Piensas en ella con obsesión pleonástica, mas los escrúpulos de tus deducciones ocupan ya demasiado espacio de otra estática ficción, y en ese mismo instante respiras voluntariamente los hálitos de la pasividad para así bloquear la víspera de tu despertar.

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ECOS DE MADRUGADA

¡Qué áspero mutismo nace de tu anónima geografía y acude pausadamente a mi encuentro! Esta somnolencia que oprime mi sangre y me eleva hacia el cielo sin donación posible me confunde, palmo a palmo oculta mi espíritu, ¡dicen que es la voz humana de la madrugada! Me siento como un huérfano dogmático, y sigilosamente sofocantes instintos cristalizan en una encubridora fatiga de palabras sin acento. Insoslayablemente se van quemando mis raíces cada vez que el viento vulnera nuestra tierra, y su huella, reminiscencia inaccesible, se extiende real y quimérica por todos los ángulos de mi espejo.

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MEMORIA DE TI

Has vulnerado la perfecta simetría de mis afectos, has hurgado en los más íntimos recovecos de mi ser, has erosionado lo más oculto de mis entrañas, y has profanado el reconstruido armazón de mi fe. En otras palabras, has logrado que las eventuales dispersiones de tu rastro dejen en mí un vacío de una dimensión aterradora.

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NOCTURNO

En estas noches de verano mi piel intuye la parda caricia de la ebriedad. Al instante quiero ocultarme tras un cuerpo de sombras, y esquivo la tersura de tu complicidad proyectando toda mi inquietud en un eterno conocimiento. No niego ni extingo aquel espacio, pero la evolución de mi mundo me somete y me subyuga hasta inconsciencia: ya no sé si habito en una aurora de reptiles o si soy un exhausto desterrado que suplica tu voz mientras una susurrante brisa de nostalgia envuelve mi frente. Un violento recuerdo nubla de briznas nuestras destartaladas imágenes, y, aunque no puedo dormir en esta sauna mental, mi cerebro no transige ni se desvencija ante eventuales fijaciones. Tu sonámbulo silencio me recuerda que tras esta noche tranquila vendrá otra jornada tediosa y claudicante, perdona, pero ahora no quiero pensar en ella, porque en esta noche tranquila estoy redimiendo mis penas.

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SEPTIEMBRE NEGRO

El sol quema cualquier recóndito espacio. Las sombras de un cuerpo abismal personifican el cansancio que exuda mi frente. Vacío un poema por la acción de mi timidez: versos, versos, versos… todos mis versos se ahogan en la turbación de una mirada. Un eremítico testimonio se dilata eterno en esta lacerante espera. Nuestro espejo grita cómo se desintegran en diminutas órbitas las cuatro rosas de ayer. Y ya ni te nombro. Flamante como un emblema, la erosión, coartada de mis capitulaciones, desvanece toda mi sangre en un monólogo anónimo y silente.

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POR TI…

…mendigo una sonrisa con la que apostar por la vida. …no le doy la más mínima importancia a la belleza precipitada de un placer efímero. …me pesa cada vez más no saber nada de tus brazos de amante silenciosa. …pierdo por ti la noción del tiempo y del espacio. …bebo todos los días de la ausencia tu voz húmeda y cercana.

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MURIÓ EL AMOR

Murió el amor. Me lo dijo un cadáver andante que encontré en una acera de este Madrid nauseabundo y cariñoso a la vez. Desnudo y lleno de heridas emocionales me acarició la memoria y tuve un orgasmo repulsivo e inapetente. Después de este placer fantasmal, quise besarlo, pero no me dejó. Me dijo que eso era para los hombres de verdad, no para estos aprendices eternos que lloran desazonados cuando hablan de la muerte. Quise convencerlo de que yo llevo años sin llorar y soltó tal carcajada que me ofendieron muchísimo. Para llegar a casa tuve que sortear un montón de cadáveres amortajados que echaban por la garganta una sangre biliosa por el esfuerzo de hacer el amor con una sombra inexistente. No hagas nada, me chilló en la oreja y sentí, otra vez, el orgasmo más repulsivo de mi vida. Cierto es que solamente siento placer cuando el recuerdo de una mujer se desnuda inmaterial en mis recuerdos.

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OTRA ORILLA

Calladamente, como es habitual en mi vivir, la noche duerme el último espasmo del atardecer. El desierto, que fantasmea vacío de vivencias, encubre un cansancio que va camino del fin de mi felicidad. Luego, en la consumación de una debacle anímica, un brioso deseo revive tangible alrededor de unos recuerdos que yo pensaba ya en otra orilla.

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MEMORIAS NOCTURNAS

Cansinamente se consumió nuestra voluntad en un desierto calcinado de escombros. Recordando aquello hoy crecen en mi interior inagotables pulsos de vida y las pequeñas espinas que transpiran mis intramuros hieren mil preguntas al viento. Son instintos que oprimen mi pecho añorantes de aquella primera embriaguez. Ahora pretendo imaginar por qué tus hábitos se alejaron de mi mundo evaporando el rocío de aquella noche, pero sólo puedo identificar el desafiante eco de tus imperecederas palabras golpeando mi mente como un poema de silencio. Ahora intento despertar en mis ojos una razón de vida que culmine en la promesa de otros labios. Por esta razón de vida, rezo todas las noches que no me duerman los recuerdos.

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CONSECUENCIA DE LA SOLEDAD

Todos tus posteriores supuestos vuelven a caer en un cárdeno letargo, y antes de sentir un aliento extraño ya te queman sus horas de acelerada compañía como el sol abrasa tus sienes, e irascible rechazas su convivencia, y con un grito quedo justificas cualquier pasajera invención para que exclusivamente te escuche la soledad, ¡tu eterna privilegiada!

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ESTALLIDO

Ha estallado en el interior de mi ser un cálido vértigo, una latente querencia. Ha estallado en el ocaso de mi memoria una gran estrella azul de fuego que aniquila cualquier ley humana y conjura tormentas en los límites del espacio, una estrella azul que examina la concavidad de mis sienes y desvanece el olor de tu esfinge. Ha estallado… en el interior de mi ser una sucesión de oscuras batallas, y, obcecado en tu huella, sumerjo a mi solitario autóctono en una inaccesible fragua de invisibles esperanzas. Cuando aún creía guardar en mi fantasía el temple de aquella primera caricia, ha estallado en el interior de mi ser la ráfaga de unos ojos bronceados, expandidos por mis entrañas, y como un sortilegio de negaciones me repite monótona la infinita leyenda de una expectativa. Ha estallado en el interior de mi ser un cálido vértigo, una latente querencia… por ti.

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SE HA ROTO EL SILENCIO

Jamás pensé que tu seductora compañía, silente escultura de sedosas y serviciales manos, respondiera afirmativamente a este juego de ilusiones que preside mis actos y a la frialdad que proyecta mi mirada cuando te desnudas ante el espejo. Jamás lo pensé. Las fantasmagorías se pasean, entre sombras, en tomo a un cuerpo de mujer que se ha perfilado limpia, serena y sensual. Desde entonces, todos los días, modelo una ilusión, un tiempo de fascinaciones y bonanzas, un calendario de sugerentes promesas, un lejano placer físico que resucita, un deseo asustado que me envuelve dilatado y un afán visionario que sólo anhela ser arropado por el cuerpo de tu enardecido silencio y por la ebriedad de tu piel desnuda.

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MAÑANA

Cuando una fría humedad recorra tu cuerpo y te desvele en la noche, renacerá en ti aquella vieja inquietud que antaño relegaste al olvido. Aquello que latía oculto en tu pasividad te despertará fugazmente, y como un espiral de dóciles síntomas se revelará tu agotamiento, cristalizado de dudas, y tu disperso rostro se helará ante la fuerza de su mirada.

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LÓGICA Y EVIDENTE CONSECUENCIA DE LO NO EVIDENTE

Desde entonces, siento la turgente opacidad del desierto; desde entonces, transito hermético por jardines prohibidos; desde entonces, oscuras tempestades se acunan en mis ritos; desde entonces, duermo huérfano de oferentes naturalezas; desde entonces, vacío la desesperanza que vulcaniza mi vida; desde entonces, bocetos de vida intento aplicar a mis pasos; desde entonces, entre quejosas sombras, te busco día a día.

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POÉTICA

Alguien, pura y desnuda, diseñó una torre de marfil para inmortalizar, entre ambrosías divinas, su credo poético; otros, entre los que yo me encuentro, desde la quietud del verso anónimo, sugieren poemas y notas vagando como un alcaraván entre peces muertos, aderezos insomnes y fugaces cintas de luz.

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DEFINICIONES DEL AMOR

Es la luna que brilla inquieta en los rescoldos de mi interior, es la búsqueda de un camino de vida, es contener mis ansias más ocultas, es esperar tu visita en luengas jornadas de insomnio, es evitar un empacho de idolatría, es afilar la noche para no descansar en una almohada de espectrales desechos, es recoger la ceniza que sepulté bajo tus pies y dibujar con ella tu imagen ausente, es escuchar tu nítida voz cuando resbala por mi frente una enojada fiebre, es soñar con tu rostro reflejándose con obcecación en mi ventana.

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VACÍO

El devastador animal de fondo que galopa desbocado por mi interior como un nómada de huesos desnudos lapida cualquier experiencia que tú y yo aún no hemos vivido. Ni viviremos. Esta sinrazón que habita en mí desde tiempos remotos tamiza nuestro imaginario futuro y un hatillo de inexistentes caricias rasga la frontera de mi pasado y me deja desnudo ante una lapidaria realidad.

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DESEOS NOCTURNOS

¡Quiero regresar a ese universo de dichas y flores! ¡Quiero dejar de llorar lágrimas enormes! ¡Quiero salir de esta amalgama de oscuras canciones! ¡Quiero volver a ese espejo que propicia cálidos amores! ¡Quiero desnudar mi gloria apresada por sueños insomnes! ¡Quiero descifrar a quién pertenece la bandera que en mí se iza cada noche!

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NOCHE TRAS NOCHE

Se dilata el tiempo en bocanadas crepusculares. Tras el perentorio estallido de nuestros sacrificios, mis raíces descubren a un ser escrupuloso de vivir y diezmado por viejas secuelas. Me gustaría escribir palabras que pudieran aniquilar la transición de la espera, y así no sucumbir ante unos labios inquietos que se preguntan cansinamente por qué tus manos, frágiles como el cristal, se clavaron en mi cuerpo como astillas en un falso pedestal.

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EL TÚNEL DEL AMOR

El peso del amor es tan grande que mi corazón, atlas de caducidades, se entrega colmado de vencidas estaciones en una sintetizada celebración de ambiciosos torbellinos y esculpidas unciones. Es un túnel de alquimias, es un encuentro no fungible, es soñar con la vitalidad de tus encantos evaporando la escarcha que pende de mi universo. Es una imperecedera almena de flores disecadas. Es ese muro de vidrios y lunas que, fulgurante e inmisericorde, se extiende por los cañaverales de nuestro manantial. Es abrazar nuevamente el aroma de tu dulzura cuando el mar ya ahogó en tiempos y lugares remotos mi penúltimo soplo de vida.

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ES NOCHE SERENA

Es noche serena y en el cielo se dibuja el azar de un embrujo, es noche serena e irrumpe entre nosotros la cólera del orgullo. Es noche serena y mi génesis de bramuras espera una caricia tuya, es noche serena y camino siempre solitario a espaldas de la amargura. Es noche serena cuando el corazón sojuzgado peca de inexperiencia, es noche serena cuando me dinamita el calor de tu leyenda. Es noche serena y ya soy un recuerdo en la mente del humano, es noche serena cuando besan mi cuerpo despidiendo al ahorcado. Es noche serena y las estrellas sufren opacas y sin luz, es noche serena cuando por la senda baldía desapareces tú.

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INVENTARIO

Estoy hecho de diminutos fragmentos de inquietud. Acantilados rotos y sin dirección se abaten en mis senderos camino de algún sur. Estoy moldeado por unas tránsfugas manos que eternizan cualquier diluente señal habitándola en un desierto de cañas e informes cometas. Estoy concebido como un egregio postigo que golpea y disemina rombos azules persiguiendo de puerta en puerta aquellas promesas del pasado por ti hoy ya olvidadas.

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ESTA NOCHE

Afónica mi voz, secreto de una destrucción no vivida solo conserva de ti el recordatorio de un deslizamiento por interrogantes y libérrimas simetrías. Y esta noche, los inefables mensajes de unos labios ennegrecidos. en la libertad del extraño insomne, te escribo estas torpes letras, ahora que se vuelven locos mis papeles, locos por no comprender los inefables mensajes de unos labios ennegrecidos.

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TU PIEL

Quise tocar tu piel con mi aliento. Me miraste con una desidia propia del hartazgo que produce en ti el pulso de un inmaduro envejecido. Pronuncié mil disculpas en un torbellino de placeres efímeros que te recordaron, lo vi en tu mirada, nuestro primer encuentro en aquella destartalada habitación de la Gran Vía madrileña. De ti todo me excita, dije en aquella ocasión, desde el largo túnel de tu calculada ambigüedad hasta el reflejo que provoca tu pecho cuando se desmorona sobre mi frente al son de una vertiginosa melodía de cuerpos embriagados.

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TU RETRATO

Cuando obstinado en un verbo tuyo desnudo todos los límites de mi convulso horizonte, tan solo una remota mirada escruta los entumecidos síntomas de nuestra monotonía. Tus ojos transparentan mis tumultos en límpidos vestigios, y con fugaz pericia se violentan nuestros estáticos párpados. Te miro sin concretar todavía un destino, me susurras al oído una elegía de soluciones, aunque invernales coartadas cercenan mayestáticamente el sosiego de nuestra leyenda. Hirsutos fantasmas dormitan en el regazo de aquella tarde. Y ya en la fatiga de mi levedad ―tras una postrera transición― múltiples arrugas surten de mis cárdenos bosquejos: Todas mis apócrifas mentiras tornan a naufragar en una marea de insólitas hipótesis.

 

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INSOMNIO

La noche se ha desbocado y todos los dioses me profetizan una reiterada ceremonia de versículos en mi calcinado paraje. Todo es confuso. Soy incapaz de refugiarme en otro oráculo que no sea el tuyo cuando sobre mí se precipita un entramado de milenarias manos muertas. Todo es confuso. Y en este oasis de fechas imprecisas cada amanecer cierro mi pluma al mundo convirtiendo otra página de mi historia en un arrullo de desvelos y voces escritas.

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