Cansinamente se consumió nuestra voluntad en un desierto calcinado de escombros. Recordando aquello hoy crecen en mi interior inagotables pulsos de vida y las pequeñas espinas que transpiran mis intramuros hieren mil preguntas al viento. Son instintos que oprimen mi pecho añorantes de aquella primera embriaguez. Ahora pretendo imaginar por qué tus hábitos se alejaron de mi mundo evaporando el rocío de aquella noche, pero sólo puedo identificar el desafiante eco de tus imperecederas palabras golpeando mi mente como un poema de silencio. Ahora intento despertar en mis ojos una razón de vida que culmine en la promesa de otros labios. Por esta razón de vida, rezo todas las noches que no me duerman los recuerdos.
Visitas: 0