Se dilata el tiempo en bocanadas crepusculares. Tras el perentorio estallido de nuestros sacrificios, mis raíces descubren a un ser escrupuloso de vivir y diezmado por viejas secuelas. Me gustaría escribir palabras que pudieran aniquilar la transición de la espera, y así no sucumbir ante unos labios inquietos que se preguntan cansinamente por qué tus manos, frágiles como el cristal, se clavaron en mi cuerpo como astillas en un falso pedestal.
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