Un arañazo en el corazón. Dos. Tres. Bien repleto de heridas que duelen muchísimo. Es un manantial de sangre enamorada. Delante de ti lloro demacrado y enjuto. Miras hacia otro lugar. Rechazas lo nuestro. Intento coger tu mano para que apagues mi dolor. Ya no te encuentro. La soledad me acaricia con una condescendencia hiriente. Me siento en el suelo, helado como tu respuesta y me quedo dormido en el regazo de tu rechazo.
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