MANOS SEMIVACÍAS

¿Cómo no elucubrar mil temores con este caudal de ebrias mejillas entre mis manos?

Detente, no sumerjas mis generosas horas bajo una corriente de pródigas clausuras. Detente, no entierres mis obstinados labios bajo un yelmo de espantosas cuarentenas. Detente, no, no… Detente, no germines tu ausencia en el fondo de mi soledad.

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