ECOS DE MADRUGADA

¡Qué áspero mutismo nace de tu anónima geografía y acude pausadamente a mi encuentro! Esta somnolencia que oprime mi sangre y me eleva hacia el cielo sin donación posible me confunde, palmo a palmo oculta mi espíritu, ¡dicen que es la voz humana de la madrugada! Me siento como un huérfano dogmático, y sigilosamente sofocantes instintos cristalizan en una encubridora fatiga de palabras sin acento. Insoslayablemente se van quemando mis raíces cada vez que el viento vulnera nuestra tierra, y su huella, reminiscencia inaccesible, se extiende real y quimérica por todos los ángulos de mi espejo.

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