INSOMNIO

Otra noche más. Y van… No seas, plañidero, José María. El insomnio es el alimento de los noctámbulos, es el germen de las mejores creaciones poéticas. Ahí tienes a… ¿A quién? No das pie con bola hoy. Se te nota la falta de sueño. Aún más la falta de sexo, pero no en su significado pueril y físico. El sexo femenino estimula mis creencias, libera mis prejuicios y domestica una intemperancia interna que vulnera y transgrede mis creencias más íntimas. Cuando noto el físico de una mujer en mis proximidades, ese «engaiolador» aroma de una piel devoradora ―que dicen que confundo con el útero materno―, soy capaz de convertirme en un insomne académico, en un cumplidor del placer compartido, en el estricto seguidor de un reglamento humedecido. ¿Y tu añorada soledad entonces? La guardo para cuando mi corazón furtivo se escapa, irredente y rebelde, de mis manos.

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