OTRA ORILLA

Calladamente, como es habitual en mi vivir, la noche duerme el último espasmo del atardecer. El desierto, que fantasmea vacío de vivencias, encubre un cansancio que va camino del fin de mi felicidad. Luego, en la consumación de una debacle anímica, un brioso deseo revive tangible alrededor de unos recuerdos que yo pensaba ya en otra orilla.

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