Dices que se me está secando el alma. La tengo seca desde hace décadas. Desde aquel día en el que compartiendo una música histriónica y ofensiva tú me reprochaste falta de pasión y una preferencia por la juerga fácil y no por la comprometida. Eres un inmaduro, me asestaste como un dardo envenenado. Así que no me vuelvas a llamar. Yo ya no estoy para ti. Y te levantaste dejándome enjuta la mirada y huérfano el sentido del olfato. José María, el aroma de esa piel ha volado para ti. Y tú, en una fracción de segundo, gritaste mi nombre de modo convulso y desvalido. Y tú seguiste tu camino dejando un reguero de juventud que ya nunca he vuelto a saborear. Mentiroso. ¿O te recuerdo el nombre de la tipeja aquella? A tu lado, un emoticono de decrepitud. Ya. Ahora con esas… Y el sonido de un guasap me volvió a mi hórrida realidad.
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