Nunca volveré, me dijiste con una voz serena, sedosa y seductora. Como dando a entender lo que me perdía. Tu soledad te devorará como un famélico saturno. Pero con una leve diferencia: tu alimento será mi olvido y tu sed jamás la saciarás con mi recuerdo. Nunca volveré. Y tu signo triunfante, obsceno y provocador, me dejó fulminado en la cuneta de aquella carretera que no me llevó a ninguna parte cuando me vi solo y desvalido. Desde entonces duermo solo. Al levantar la cabeza vi un paisaje desértico y polvoriento que se anclaba en mi piel como un lastimero ungüento. Nunca volveré. Y entonces me di cuenta del significado de esta nebulosa y tétrica frase.
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