YA ME HE OLVIDADO DE TI

Ya me he olvidado de ti. Lo puedo afirmar. En silencio. Por eso mismo te escribo este diario. Por eso sueño cada día de modo «teimudo» con una verdad que hoy es plácida mentira. Ya me he olvidado de ti. Ya me he olvidado del sabor de tu piel, azucarada, sustanciosa y placentera. Ya me he olvidado del perfume de tus labios, esponjas amancebadas en una adolescencia furtiva. Ya me he olvidado de tus besos, jengibre mortificante cuando habitaba lejos de ellos. Ya me he olvidado de tus manos, compañía amena y deliciosa en caminos de soledad voluptuosa. Ya me he olvidado de tu sonrisa, un mar de indecibles gozos e inefables experiencias. Ya me he olvidado de tus pechos, un despertar adulto cuando en mí moraba una juventud evaporada de placeres físicos. Ya me he olvidado de… soñar.

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