Por un infundado prejuicio vivo difunto deseando, implacable y mudo, en plena inconsciencia, tu aliento fantasmal. Por un infundado prejuicio abomino de tu primavera con un ramillete de rosas negras en la solapa de mi embriaguez. Por un infundado prejuicio me ahogo, cual enjambre de palabras, en la más abrupta soledad, y me desconcierto, como un niño sin juguetes, en el aroma de tu soñada compañía.
Visitas: 0