Veo una luna desconocida que crece sobre mí llena de manos infinitas. Veo mis heridas buscando en la noche el calor de una lumbre. Veo la música de la feria que acaricia dulcemente a una pareja lejana. Veo el sonido de unas palabras rodeándome muy cerca con el sabor redondo de un abrazo. Veo el latido de nuestra tierra, que es el primer hogar de las almas en cuarentena. Veo a la gente de la aldea que duerme muy despacio en un lecho de flores rojas.
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