Rincón de tiempo asombroso, alegría y placer de un hechizante bocado, pequeña gota de mi alma que alborota este amanecer encantado. Bruma leve tiende su manto sobre las tierras dormidas, mientras el sol, suave y dorado, se frota los ojos tras los montes. Cantan los pájaros secretos de luz, y el viento de la tierra acaricia la hierba como una madre que despierta el día sin hacer ruido. Y yo, en un segundo eterno, respiro A Maía como quien bebe agua limpia de recuerdos, como quien encuentra un pedazo de sí mismo en el primer rayo de la mañana.
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