SONRISA

Ayer se desató mi sexo entre sangrantes retales de vida. En ese frágil instante pude retratar tu sonrisa, pude morar en tu luz, pude morar en tu sexo. Posteriormente, perdido en la zanja de mi pulida cautividad, recorrí con avidez la piel de tu cuerpo, y en todos sus rincones hallé el manantial de tu eterna alegría. Entonces, juré, juré recoger y encerrar entre mis manos el recuerdo de tus joviales senos y, sorbo a sorbo, en mis momentos de soledad embriagarme con ellos.

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