Él la dejó sin explicaciones. Como ya hizo en otras ocasiones. Ella se quedó con mil preguntas y ninguna respuesta. Así es la soberbia. Como quien recibe una carta sin remitente, la leyó una y otra vez buscando sentido. Pero el silencio no se traduce, solo se acepta. Y en esa ausencia, aprendió a escribir ella sus propias respuestas.
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