No voy a disimularlo más. Te pienso de un modo que no es neutro ni educado. Te pienso con el cuerpo despierto y con la cabeza demasiado clara como para fingir que es casualidad. Hay algo en ti que me activa, que me centra, que me lleva a un lugar donde contenerse ya es una decisión consciente. Me atraes con una fuerza que no necesita fantasías excesivas. Me basta imaginarte cerca. Tu presencia ya es suficiente. Tu manera de estar, de moverte, de mirar sin saber exactamente lo que provocas. O quizá sí lo sabes, y eso lo hace aún más intenso. Te deseo. Y lo digo así porque suavizarlo sería mentir. No escribo desde la fantasía descontrolada, sino desde un deseo lúcido. Sé lo que quiero sentir. Sé lo que despiertas. Y sé que hay una línea muy fina entre lo correcto y lo inevitable… y que contigo esa línea se vuelve especialmente tentadora. No espero respuesta. No la necesito. Esto no es una invitación directa ni una exigencia. Es una constatación.
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