SAUDADE

Y después vinieron las lluvias. Entonces fue cuando empezó a renacer en mí aquella tristura sin causa que jamás me había abandonado, pero que el sol estival de mi interior había ahuyentado. Y pude palpar las nieblas de la mañana, y mis OJOS se cegaron con la humedad del sol, y mi espíritu, alimentado con el calor de las lareiras, se arrulló en sueños contemplando aquel mar. Y después vinieron las lluvias. Y cuando desperté, los ojos llenos de paz, comprobé que en esta ciudad nunca llovía como en mis sueños la saudade esculpía. Y después vinieron las lluvias.

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