Me hallo en el penúltimo jirón de tu piel degustando esa extraña delicia de un adiós, y volando mi alma por alamedas y claros de luna. En el pasado sentí la alegría de tu pecho, hoy has fatigado mi rama de olivo por mil transitados caminos, y mañana, tal vez mañana, tú y yo encarnemos en una ansiada ceremonia el más indómito de los proyectos. Que nadie desdeñe mi contento, que nadie vulnere mi celosía, que nadie… que nadie me impida ser tu atalaya en esta cadena de enebros y ambrosías.
Visitas: 0