MARCHA

No puedo culpar a quienes se marcharon. Se cansaron de mis pausas largas, de mis dudas repetidas, de esa forma tan mía de sentir profundamente y explicarlo poco. Esperaron con paciencia a que algún día dijera algo claro, algo que confirmara que lo que veían en mis ojos también existía en palabras. Pero yo siempre estaba a punto de hablar y siempre encontraba un segundo más para callar. Al final comprendieron que ese segundo extra era infinito y que no podían vivir dentro de una espera tan silenciosa. Así un día se fueron sin ruido con una despedida breve casi amable. Yo las vi alejarse con una mezcla de tristeza y comprensión porque en el fondo sabía que tenían razón. El amor necesita presencia respuesta movimiento y yo ofrecía sobre todo contemplación, respeto, distancia y un silencio que parecía profundo, pero que en realidad era un miedo antiguo incapaz de pronunciar.

Visitas: 0