LUZ

Incluso en los inviernos más largos, existe alguna forma pequeña de esperanza. No suele ser ruidosa ni brillante, más bien aparece como una luz que tarda un poco más en irse por la tarde. Caminas por la calle y notas que el cielo mantiene claridad unos minutos extra. Nadie lo celebra, pero algo cambia. Esa sensación me ha acompañado muchas veces, cuando pensaba que ya era tarde, para aprender a hablar o para intentar de nuevo acercarme a alguien. La esperanza adulta no promete milagros solo abre pequeñas grietas en la nieve del hábito y deja pasar un hilo de calor suficiente para recordar que, incluso después de muchos silencios el corazón, sigue dispuesto a ensayar otra palabra otro gesto, quizá más sencillo, menos perfecto, pero sincero como la primera luz que toca el borde de una ventana al final lento del invierno antiguo que todavía respira bajo la nieve.

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