LA PUERTA DE MI DESVÁN

Este espejo que aúlla todas las noches sesgadamente desnuda la amargura de una herida henchida de sinsabores. A él me acerco soltando las amarras de mi vida. Quiero odiarla sin límites, emanciparme de la injusta ley que preside mis actos, mas mis ojos retroceden atónitos y se sumergen en una bacanal de dudas. ¿Cómo renunciar a este remanso de viejas historias?, ¿cómo no forzar la puerta de mi desván? Algún día, ya vislumbro el horizonte­, forjaré en mi fragua nocturna la más hermosa de las mutaciones, y mis sueños ―entonces realidades― moldearán en cuerpo de mujer la más bella de las pasiones.

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