LA MELANCOLÍA

Habito el terreno de la melancolía desde tiempos remotos, casi decimonónicos. Esos que descubrí en blanco y negro cuando mi herida sangraba rojo pasión. En ella me siento seguro y capaz de tomar las más cobardes decisiones, aquellas que sepulté en mi tardoadolescencia por culpa de una decrepitud emocional. El día que te perdí descubrí la tristeza como compañera de fatigas. La adoro, la cuido, la venero y la amo. No como un cuerpo femenino, no. La poseo mientras araña mi nuca en un ademán de placer inalcanzable y sudo ríos de soledad. Todas las noches sueño que me abandona y tomo otra vez, cada solitario amanecer, a mi vieja canción: pero a tu lado.

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