Su ego era tan grande que necesitaba dos espejos para verse en su totalidad. Y aun así, se sentía incompleto. Buscaba validación en cada reflejo, en cada mirada ajena. Confundía admiración con afecto y aplausos con cariño. Construyó una imagen tan alta de sí mismo que terminó viviendo a su sombra. Cuanto más alimentaba su orgullo, más hambre tenía de reconocimiento. Porque el ego nunca dice es suficiente. Siempre pide un espejo más, una ovación más, una prueba más de que existe. Y mientras todos miraban el personaje que había creado, nadie alcanzaba a ver a la persona que se escondía detrás de él.
Visitas: 0