Pero nunca se atrevió a mirarse por dentro, donde el vacío no admite disfraces ni espejos. Y allí, en el silencio de sí mismo, descubrió la verdad más difícil: no había construido una identidad, solo una apariencia.
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Pero nunca se atrevió a mirarse por dentro, donde el vacío no admite disfraces ni espejos. Y allí, en el silencio de sí mismo, descubrió la verdad más difícil: no había construido una identidad, solo una apariencia.
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