La fresca claridad del atardecer se esparce con una alegría nueva por esta vista singular y única. Silencio, sangrado del corazón. Veo la hierba suave, la limpia línea del rojo horizonte y también el pequeño agujero herido de aquella ausencia. Una penumbra llena de flores escogidas, y una calma que antaño fueron mías bendije todos los rincones de este cariñoso lugar. ¡Que no se eche a perder este paisaje!, huele a tierra bien humedecida y a resina de castaño, a hojas del tomillo y a labios de cerezos. Silencio, el corazón vuelve a sangrar. Silencio, ya es noche cerrada, ya anocheció, gocemos este increíble sueño, silencio, calma y descanso plenos en esta generosa playa sin mar.
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