A UNA PAREJA QUE SE CASA

Queridos Paquita y Paquito:

Os escribo esta carta con una mezcla de profunda preocupación, asombro y, por qué no decirlo, un poco de miedo por vuestra salud mental. Todavía estoy intentando procesar la noticia. ¿De verdad vais a hacerlo? ¿En pleno año 2026, con la de opciones de entretenimiento que hay, vosotros os decidís firmar un contrato de permanencia de por vida?

Mirad que la gente hace deportes de riesgo: saltar en paracaídas, nadar con tiburones… pero lo vuestro es de otro nivel. Eso de renunciar voluntariamente al control absoluto del mando de la televisión y aceptar legalmente que vais a tener que discutir por el lado de la cama es un disparate de dimensiones épicas.

A partir del día de la boda, se acaban los secretos. Paquita, prepárate para descubrir la verdadera frecuencia con la que Paquito deja la ropa en el suelo «para usarla luego». Y tú, Paquito, reza para que la paciencia te acompañe cuando Paquita tarde tres horas en decidir qué cenar para terminar diciendo: «Lo que tú quieras».

Sinceramente, si queríais complicaros la vida, haber adoptado un dinosaurio o haber intentado montar un mueble de Ikea sin instrucciones los domingos por la mañana. Hubiera sido menos arriesgado.

Pero, en fin, ya no hay marcha atrás (bueno, técnicamente sí, pero la fianza del banquete no se devuelve). Así que, ya que habéis decidido cometer esta maravillosa y absoluta locura, solo me queda deciros una cosa: no puedo esperar para veros fracasar con estilo en el intento de mantener la cordura, y triunfar por todo lo alto en lo de ser felices.

Fuera de bromas, os quiere muchísimo. Si hay dos personas en este mundo lo suficientemente locas y perfectamente compatibles como para que este disparate funcione, sois vosotros.

Preparaos para la aventura. ¡Nos vemos en la boda!

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