Aquellos tú y yo hechos laureles en nuestras sienes y en nuestros cuerpos. Noches sin pulso ni ternura. Canción ácida, prendida diáfana de mis labios. Dos vertientes de la misma soledad.
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Aquellos tú y yo hechos laureles en nuestras sienes y en nuestros cuerpos. Noches sin pulso ni ternura. Canción ácida, prendida diáfana de mis labios. Dos vertientes de la misma soledad.
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