PRIMAVERA

Quizá la primavera no llegó cuando debía. Tal vez pasó cerca de mi vida en algún momento y yo estaba demasiado ocupado dudando para verla. Pero los años también enseñan que el tiempo no siempre sigue un orden perfecto. Hay estaciones tardías, encuentros que aparecen cuando nadie los espera y oportunidades discretas que solo se reconocen si uno decide mirar otra vez el horizonte con menos miedo. Ahora no pienso tanto en lo que perdí, sino en lo que todavía podría ocurrir porque mientras exista curiosidad por el otro y un poco de valentía para hablar, el futuro permanece abierto. Tal vez la verdadera primavera no sea una explosión de flores, sino un gesto sencillo una conversación tranquila una puerta que por fin se abre sin ruido después de muchos inviernos silenciosos. Y si llega así, tarde, discreta, inesperada, también sabré recibirla con gratitud, calma, palabras nuevas, menos miedo y con la ofrenda de mi cuerpo.

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