Siempre he vivido rodeado de mujeres admirables, inteligentes, luminosas, capaces de habitar el mundo con una seguridad que yo observaba con asombro. Había en ellas una mezcla de belleza y claridad que me hacía sentir ligeramente desplazado como si la vida me hubiera colocado un escalón más abajo. No porque ellas me empujaran sino porque yo nunca estuve seguro de merecer ese mismo nivel. Así prefería mirar desde allí aprender sus gestos, escuchar sus ideas, reír cuando reían y admirar esa forma natural de existir. A veces alguna se acercaba un poco más y yo sentía que debía subir el escalón, pero algo dentro de mí susurraba espera un poco más todavía no estás listo. Y así la distancia se volvía costumbre tranquila, casi invisible, que terminaba pareciendo normal, aunque en el fondo supiera que solo era miedo disfrazado de prudencia antigua, silenciosa, persistente, que me mantenía quieto abajo siempre.
Visitas: 0