No quisiera que el calor me hiciera olvidar el nombre que, en estos últimos años, día a día, se ha reflejado en mi memoria. (Para ello tal vez tenga que grabarlo en el cénit de aquel primer recordatorio). Tampoco quisiera confundir la dirección de tus pasos ni envilecer las marionetas que, tras unas horas aciagas, permanecieron inmóviles en tu rebeldía. No quisiera que participaras en este juego de dudas, en este dudoso juego, en el que un simple pasillo de deslices maceraría tu arcana plenitud. No quisiera que en este verano se sofocasen aún más los pliegues de mi ropaje. No quisiera ver mi nombre olvidado en el postrer rincón de tu agenda… o tal vez… sí quisiera, ya que así, ¡al menos!, permanecería en tu recuerdo, aunque fuera prendido con alfileres, aunque fuera en esa última línea de un tétrico escalafón de infinitas miradas. No quisiera… ¿no quisiera?…
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