REINADO EFÍMERO

Un hálito de no muy buen gusto me encaramó en la cima de las leyendas oblicuas. Entonces leí los versos de un poeta varado en la ausencia de ella, y el miedo a sucumbir bajo un diluvio de imágenes rotas me hizo regresar cautivo y taciturno a la realidad de mi senda. Mas, obstinado e inmisericorde, seguí perpetuando la vereda de aquel metálico laberinto, y todo aquello evocado en mi memoria con tintes de terca nostalgia anidó en este cuerpo deshabitado de lienzos, y me acechó como una soga, y como una ecléctica sentencia confirmó el relámpago de mi solitario duelo.

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