Ayer se desató mi nostalgia entre sangrantes retales de vida. En ese frágil instante pude retratar tu mágica sonrisa y, en un sueño de campos verdes y cielos grises, pude morar en la humedad de tu cuerpo. Posteriormente, perdido ya en la zanja de mi pulida cautividad, recorrí con avidez los sótanos de mi memoria y en todos sus rincones hallé el manantial de tu eterna alegría. Entonces, juré, como un petrarca ante su Laura, aprehender en mis manos, y en mi memoria, tus joviales huellas, y, sorbo a sorbo, en mis momentos de soledad, embriagarme con ellas.
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