Para mí los mil eslabones que recorren la cadena de tu sed, para mí lo extraño y lo semejante de tu pensar, para mí el terso aroma de la esencia de tu piel, para mí ese diamante vivo que escondes en tu mirada, para mí el cálido verbo de tu envolvente voz, para mí los tortuosos caminos de tu eterno viajar, para mí el castillo de naipes que levantas cada noche, para mí tus amargos insomnios en los que tu dormir es velar.
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