Has vulnerado la perfecta simetría de mis afectos, has hurgado en los más íntimos recovecos de mi ser, has erosionado lo más oculto de mis entrañas, y has profanado el reconstruido armazón de mi fe. En otras palabras, has logrado que las eventuales dispersiones de tu rastro dejen en mí un vacío de una dimensión aterradora.
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