Qué sencillo parece decir adiós cuando uno ya conoce de la noche las dos orillas: la de los murciélagos y los fantasmas y la que tiene el sabor de las fresas. Pero siempre surge, en esa misma oscuridad herida, una voz llena de estrellas que te hiere de nuevo y vuelve pluma temblorosa tu alma antaño viajera. Qué sencillo parece decir adiós cuando uno ya conoce de la noche las dos orillas.
Visitas: 0