Mi perfil es inmutable, mi cuerpo, delgado y sin memoria, mi trazo, un velo enredado a una tormenta, y mi único sentido, una muñeca libre sembrando tu afán en el nido de mi acuarela. Mi sombra es liviana, mi caminar, urente e insondable, mi huella, un sinfín de ruegos y demandas, y mi último anhelo, una vida sentada perpetuando rosas y claveles en los pies de tu cama.
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