Un espíritu en plenitud descendió ayer y vagó sin rumbo, esclavo de una ficción, por las telarañas de mi razón talando un velo de bienestar en mi hurtado lucero. Con la humildad de una gaviota sin playa sigo tus pasos, guardo tus huellas en mis furtivos deseos y entronizo tu ausente luz bajo una sencilla túnica de viejas baladas.
Visitas: 0