El cansado escritor regresó ayer de vacaciones. Todo placer, físico y emocional. Su pulso hoy sigue desmedido, y un último intento de agradar le reporta una leve alegría. ¿Sabes? A pesar de ser un parásito de la diversión, he decidido vivir, convertirme en un vivales de pura raza. Y después, ponerme a escribir. Eso jamás. Pero si ahora no sabrías ni cómo entrarle a una mujer. Yo soy el ejemplo más evidente de tu incapacidad como tiburón juerguista.
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Entiendo perfectamente que después de unas vacaciones no te apetezca escribir. Conquistador.