Nuestra sobremesa fue densa y eterna. No hubo miradas, ni gestos, ni palabras, ni besos. Entonces, tú me diste tu reloj. Para que poseas mi tiempo. Y te despediste. Y hasta hoy.
Visitas: 0
Nuestra sobremesa fue densa y eterna. No hubo miradas, ni gestos, ni palabras, ni besos. Entonces, tú me diste tu reloj. Para que poseas mi tiempo. Y te despediste. Y hasta hoy.
Visitas: 0