ADONIS

Se adora tanto que confunde el amor propio con la incapacidad de amar a otras mujeres que le ofrecen una belleza física inalcanzable para la mayoría. Habita en un jardín cerrado, lleno de flores que nadie puede tocar. Una mujer, que yace a su lado, quiere excitarlo sin dejarse acariciar, pero no se protege lo suficiente y florece en su sexo un diamante tan brillante que solo verlo le produce un orgasmo a Adonis. Nadie lo puede ver. Sólo él. Las manos masculinas quieren cogerlo, pero en un instante el jardín se troca en un museo de cuerpos femeninos intocables. Y él, su único espectador, se cansa de mirar siempre lo mismo sin poder experimentar un orgasmo semejante al primero.

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