SILENCIO

Cada elogio que recibía era un aplauso interno que él no creía de ninguna manera. Se alimentaba de ellos como un rey sin reino, hambriento de coronas sin valor alguno, muy ostentosas. Vivía para ser admirado, no amado. Y cuando el silencio llegó de verdad, se sintió desnudo, sin títulos, sin trono. El vacío no aplaude, le dijo una amiga.

Visitas: 0