DESENCUENTRO

Hablamos aquel día con palabras distintas. Nunca había sido tan claro. Te hablé de mis obsesiones, de mis complejos ―tuve que reducir la detallada enumeración porque es interminable el listado―, de mis miedos, de las partes de tu cuerpo me gustaban más ―nada de cosificación― y de un futuro en común. Fue oír esto último y tú me escupiste que entre los dos no hay sintonía, sólo desnutridos balbuceos, que saben a miradas sin respuesta, a labios sin besos. Y te fuiste sin más.

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