UMBRAL: SILENCIO Y PALABRA

«Siempre he creído que las palabras me acercaban a la vida. Puede que deje de escribir porque siento que empiezan a sustituirla.» (JMMT)

Hay una idea que atraviesa mis últimos textos: escribir y no escribir no son decisiones opuestas. Las dos pueden nacer del mismo lugar: mi deseo de ser más verdadero.

Soy profundamente contradictorio. Me cierran un blog y abro otro. Pido que me lean mientras anuncio que quizá no vuelva a escribir. Quiero ser visto y desaparecer al mismo tiempo. Publico esperando un lector y, cuando aparece, siento el impulso de borrar todo lo que he escrito.

Durante años he intentado ser coherente y nunca lo he conseguido. Mi corazón cambia de opinión antes de que mi razón encuentre una explicación. Hoy necesito escribir. Mañana quizá necesite callar. Ninguna de las dos cosas desmiente a la otra. Las dos hablan de la misma búsqueda.

Tal vez ni siquiera desee cerrar este blog. Tal vez sólo quiera saber si, cuando diga que me voy, alguien levantará la vista y dirá: «Quédate». Un amigo me dijo que detrás de ese deseo había soberbia y vanagloria. Me dolió escucharlo. Después pensé que quizá tiene razón.

Tengo motivos para dejar de escribir. A veces mis palabras pesan más que los fragmentos de mi vida que intentan nombrar. No todo dolor necesita convertirse en literatura. Hay heridas que sólo cicatrizan cuando dejo de tocarlas. Escribir también puede convertirse en una manera de no vivir, de enamorarme de mi propia tristeza o del personaje que he construido con ella. Quizá haya llegado el momento de escuchar lo que el silencio lleva años intentando decirme.

Pero también tengo motivos para seguir.

Escribir me acerca a personas a las que nunca conoceré. Cuando mi memoria empiece a fallar, me recordará que estuve, que estoy vivo. Le da un lenguaje a mi dolor y un dibujo, siempre incompleto, a mi amor. Ordena el caos sin hacerlo desaparecer. Y, sobre todo, me permite creer que alguien puede sentirse menos solo al descubrir sus propias grietas en las mías.

No sé qué haré. Sólo sé que no escribo por costumbre. Ni callo por cansancio.

Escribo mientras las palabras me acerquen a la vida. Y el día en que empiecen a alejarme de ella, espero tener el valor de guardar silencio.

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