Despierto cada mañana con la sensación de haber olvidado algo más importante que mi propio nombre. Miro mis manos como si pertenecieran a otra persona. Hay cicatrices que no sé explicar y silencios que pesan más que cualquier palabra. Intento abrir las puertas de mi memoria, pero solo encuentro habitaciones vacías. A veces creo escuchar una voz que me llama desde un lugar que ya no existe. Quiero recordar un rostro, un abrazo, una despedida, pero todo se deshace antes de alcanzarlo. Mi pasado es un libro al que le arrancaron todas las páginas. Solo quedan fragmentos, sombras que aparecen y desaparecen sin avisar. Me pregunto quién fui antes de convertirme en este desconocido. ¿Fui alguien bueno? ¿Alguien digno de ser recordado? Camino por las calles esperando que algún rincón despierte un recuerdo dormido. Pero la ciudad tampoco parece reconocerme. Cada persona que me mira podría haber formado parte de mi historia. Y, sin embargo, nadie logra romper este muro de olvido. Lo más difícil no es no recordar; es no saber qué he perdido. Siento nostalgia de una vida que no puedo imaginar. A veces invento recuerdos para no sentirme completamente vacío. Quizá la verdad siga escondida en algún lugar de mi mente, esperando el momento de regresar. Hasta entonces, solo me queda seguir buscándome entre las ruinas de lo que fui. Y cada día me pregunto si algún recuerdo volverá antes de que termine olvidándome incluso de mí mismo.
Visitas: 0